viernes, 17 de mayo de 2013

Sobre Tolkien y El hobbit

El Hobbit - Smaug y Bilbo Bolsón - JRR Tolkien - el troblogdita - Editorial Minotauro
El Hobbit - Smaug y Bilbo Bolsón - JRR Tolkien - el troblogdita - Editorial Minotauro

El Hobbit
John Ronald Reuel Tolkien
Editorial Minotauro


La primera lectura que os recomendaré será una de iniciación a la lectura, a la Literatura, a la fantasía, a la cruda realidad, a la alegría y a la exaltación de la Amistad.

Siento lástima cuando entro en una librería y encuentro este libro escondido entre los libros de literatura infantil. Bueno, quizás escondido hasta que Peter Jackson hiciera la trilogía de El Señor de los Anillos. Ahora es posible encontrarlo sin rebuscar; pero en muchas ocasiones, todavía en la sección infantil.

No considero que sea justo.

Tal vez en literatura fantástica, ahí sí cabría. Pero aclarando por literatura fantástica no todo aquello que escapa a la dimensión real y que no sabríamos cómo clasificarlo. Catalogar a El hobbit de literatura infantil, o fantástica sin más, resulta un crimen contra la Historia de la Literatura.

Desde que hacemos Historia, hacemos Literatura (cabría afirmar que tenemos Historia porque hacemos Literatura): con géneros y subgéneros, y ramas que ni los filólogos acertamos a encuadrar dentro de una u otra nomenclatura.

Pero un buen día llegó Tolkien y puso todo patas arriba. El hobbit nació, en esencia, como un cuento. Y es cierto. Pero un cuento encuadrado dentro de una obra literaria que ha trascendido y desbordado hasta los deseos más íntimos del entrañable profesor de Inglés Antiguo de la Universidad de Oxford.

Y es que Tolkien fue capaz de conjugar la lingüística, los idiomas, la Historia, la Literatura y la mitología como nadie lo hiciera antes: como nadie ha vuelto a hacerlo. Incluso en nuestros días bebemos de los clásicos para crear la nueva literatura, la mitología está "latente" en tantísimos textos, unos a sabiendas; que connotan cultivo literario, y otros sin saberlo; que connotan desconocimiento errando al creerse originales. Épica ha habido y habrá, unas veces con más fortuna y otras que mejor no recordaremos. Ciclo carolingio y artúrico, tradiciones clásicas/mediterráneas o nórdicas/escandinavas, romanticismo exaltando los nacionalismos...

Pero... Beber de todos, asimilarlos a todos, aglutinarlos a todos, extraer lo más preciado de unos y otros para luego conjugarlos y para colmo, crear algo nuevo y diferente... Para eso habría que tener un don, y Tolkien lo tenía, no me cabe la menor duda.

Así pues empezó a escribir El hobbit, qué digo escribir, si igual que la Literatura, su obra empezó para ser transmitida oralmente y no leída, incluso en eso, sin quererlo, nuestro querido filólogo metía sus pies en la tierra emulando a las raíces de un portentoso árbol para agarrarse a las piedras puestas por el tiempo. Y digo "oral" porque El hobbit lo fue inventando noche tras noche, capítulo tras capítulo para írselo narrando a su hijo mientras éste se dormía.

Fue después que lo recopiló, pulió y para nuestra satisfacción: lo publicó.

Así pues, escribió un cuento, pero un cuento que después tendría que enmarcarse dentro de un contexto, La Tierra Media, fruto toda ella de la mente de su autor: mitología, tradición, historia, lenguas, razas, especies, arquitecturas, modas, costumbres, fiestas... Todo.

En el mismo libro hay expresiones propias de un cuento que el pobre Tolkien lamentaría una vez publicado, claro que ya viéndolo desde la perspectiva de El Señor de los Anillos y el resto de su obra.

Entendamos este libro como una obra de iniciación: pues cautivará por igual al lector al avezado y al novel.

Decía al principio que sería justo encontrarlo en la estantería de Literatura Fantástica... Sí, pero si aceptamos que ésta nació a partir del propio Tolkien, por lo menos tal y como hoy en día la entendemos. Después de él lo han intentado muchos otros, el propio C.S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia y amigo íntimo de Tolkien se referiría a esta obra en 1937 diciendo: "Todos los que aman esos libros para niños que pueden ser leídos y releídos por adultos".

Y Lewis sabría algo al respecto, no obstante él y Tolkien eran colegas en la Universidad de Oxford y más aún los lunes por la noche cuando hablaban de literatura en torno a una pinta de cerveza en su pub favorito.

No me extenderé más, os recomiendo esta lectura porque resulta entrañable, fácil de leer en la intimidad al calor de un té en otoño, e incluso adecuada para regalar a un niño para que lo entienda, lo disfrute y tal y como espero, lo incite a buscar otro libro y leerlo.

Los hobbits... alter ego del propio Tolkien, personas menudas, de pies descalzos y lanudos que viven en agujeros y gozan de la vida en armonía con la naturaleza, felices con sus amigos y grandes jardineros, comedores y bebedores de cerveza.

He preferido escribir sobre los motivos por los que Tolkien se decidió a escribir esta obra mejor que comentarla en profundidad porque El Hobbit, si bien es un cuento, vale mucho más que una simple obra aislada por haber sido, junto con El Silmarillion los embriones de la que sí me atrevo a catalogar como una de las mejores obras literarias del s.XX: El Señor de los Anillos (dijo el Sunday Times en su crítica de la obra "The English-speaking world is divided into those who have read The Hobbit and The Lord of the Rings and those who are going to read them").

Mencionar tan solo a Bilbo, "El Hobbit", que fiel a la descripción que de ellos he hecho, luchará contra si mismo y contra el mundo para hacerse valer en compañía de Gandalf el grisThorin escudo de roble, un noble enano que parte hacia su antiguo reino del que tuvo que huir cuando Smaug el dragón lo hizo suyo por la fuerza enviando al exilio, cuando no matando, a todos los enanos que habitaban la Montaña Solitaria

Debo el descubrimiento del Universo Tolkien a la Editorial Minotauro y su fabulosa traducción de la misma (aunque he de confesar que tras más de 20 relecturas tengo algunas anotaciones (como filólogo) que mejorarían la fluidez narrativa y concordancia entre tiempos verbales, puro friki).
Infantil quizás, pero no pueril. 


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